La música recogida en el número 32 de la fabulosa serie Éthiopiques recupera lo que se podía escuchar en el país del Cuerno de África a mediados de la década de los 50 y principios de los 60, un espacio musical dominado por las big bands de posguerra, y una alegría que se vivía aún antes de la finalización del conflicto mundial cuando se restauró la paz tras la invasión italo-fascista de 1935-41. Quienes contribuyeron a revolucionar la música moderna etíope fueron los apátridas Kevork Nalbandian y, sobre todo, su sobrino, Nerses Nalbandiani Houssié Nezses (1915-1977), un armenio profundamente etíopeizado conocido como Nalbandian el Etíope que obtuvo su nacionalidad por sus servicios a la música en el país africano. La redistribución de la nueva música con un gran despliegue de instrumentos de mental formó parte de la resurrección en vísperas de la explosión
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