Cada una de las canciones del segundo disco de Dorea rezuma belleza, fragilidad e introspección. Sus nuevas composiciones tienen un enfoque folk-rock minimalista para abordar la vulnerabilidad emocional, la relación con el mar o el tiempo. Se trata de pequeñas confesiones íntimas, influidas por la poética nordestina, donde el mar se usa como metáfora de la vida y de su propia identidad, mucho más allá de su situación geográfica. En esta propuesta destaca la estética musical regional, donde los ritmos del nordeste se fusionan con el folk contemporáneo; a esto se añaden arreglos de guitarra acústica y vientos para crear atmósferas que evocan el interior y el litoral bahiano, llevando las herencias sonoras del ‘Clube da Esquina’ al formato de la Nueva MPB. La trayectoria del trovador bahiano merece ser conocida. Comenzó a cantar y tocar la guitarra siendo adolescente, y los bares
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