Nació en una localidad al sur de Polonia, pero Beata Bocek creció en una pequeña población de República Checa; pertenece a una minoría étnica que vive en el lado checo de la frontera, no se considera ni polaca ni checa. Desde temprana edad se siente atraída por la música, aún siendo adolescente se encuentra con el acordeón, luego llegaría a su vida la guitarra (traída de Ucrania), y que le llevaría a la guitarra eléctrica. Formó parte de varios grupos, con los que llega a grabar discos; vivó en Gales unos meses donde trabajo en la industria en unos días duros y con vivencias que le abrieron la mente, fue un tiempo de reflexión y redescubrir su fe y en ella misma; regresó a su país de origen. Una trayectoria vital que explica su álbum y el contenido de los once temas que ha grabado, canciones delicadas con momentos folk. Bocek ha grabado una colección de temas que giran en torno al silencio, al regreso a uno mismo y el coraje para comenzar de nuevo. Interpreta el repertorio originalmente con el acordeón, la guitarra y el ukelele, superponiendo capas sonoras con un loopstation.