Cada una de las canciones del segundo disco de Dorea rezuma belleza, fragilidad e introspección. Sus nuevas composiciones tienen un enfoque folk-rock minimalista para abordar la vulnerabilidad emocional, la relación con el mar o el tiempo. Se trata de pequeñas confesiones íntimas, influidas por la poética nordestina, donde el mar se usa como metáfora de la vida y de su propia identidad, mucho más allá de su situación geográfica. En esta propuesta destaca la estética musical regional, donde los ritmos del nordeste se fusionan con el folk contemporáneo; a esto se añaden arreglos de guitarra acústica y vientos para crear atmósferas que evocan el interior y el litoral bahiano, llevando las herencias sonoras del ‘Clube da Esquina’ al formato de la Nueva MPB. La trayectoria del trovador bahiano merece ser conocida. Comenzó a cantar y tocar la guitarra siendo adolescente, y los bares fueron el escenario donde se inició como artista y empezó a compartir sus letras y composiciones. Esta etapa duró una década, tras la cual la música quedó en pausa para trabajar como periodista. Aunque puso fin a sus aventuras musicales, nunca llegó a perder su querencia por la música. Finalmente, cerca de cumplir cuarenta años, en 2017, volvió a los escenarios profesionalmente con un tributo a Belchior (1946–2017)—uno de los cantautores más influyentes y poéticos de la Música Popular Brasileña (MPB)— y ya no lo ha dejado hasta ahora. Debutó discográficamente con ‘Grande coisa’ (2023) y ahora regresa con un disco de larga duración centrado en su voz y guitarra, rodeado de una sonoridad proporcionada por instrumentos de viento barrocos.