Durante casi veinte años Parisa Karimi Molan estudió música en secreto en Teherán con mujeres que alguna vez estuvieron entre las cantantes más célebres de Irán antes de la Revolución de 1979. Su origen está en Arasbaran, en Azerbaiyán Oriental, un ciudad rodeada de montañas, ecos y canciones que viajan de boca en boca, incluso cuando está prohibido. Durante años cantó en secreto, en sótanos con las ventanas cerradas, sin saber si algún día su voz encontraría el aire libre. “Canté en secreto para que las canciones sobrevivieran, para que yo sobreviviera, cargando con el peso del silencio”, confiesa Karimi Molan. Aprendió de Mahsa y Marajan Vahdat [1] ─ahora exiliada en EE.UU─, Sharyandokht Abedinimanesh, Maliheh Moradi, Sepide Jandaghi y Rozita Yousefi. Desde 2017 vive en Montreal, Canadá, y lanza su primer disco, que ha grabado con músicos con los que entrega una colección de piezas que incluye música folclórica de todo Irán, con tradiciones persas, azeríes y romaníes. “Este álbum no es solo sonido. Es tiempo recuperado. Es una voz que sale de su escondite, cargando el peso del silencio y la alegría de ser finalmente escuchada”, escribe en las notas que acompañan la publicación del compact disc.