Los sueños no tienen dueño son un espacio de libertad
En 1967 Pedro Iturralde, autodidacta de la escena del jazz español, exploró la fusión de jazz y flamenco, para los que contó con los guitarristas Paco de Algeciras ─Paco de Lucía [1] (1947-2014), con entonces con casi veinte años que firmó con este seudónimo por razones contractuales─, y Paco de Antequera, los dos mostraron un gran interés “al adaptar su concepción musical a nuestra”. En la grabación también participaron el compositor y saxofonista, junto a Paul Grassi (piano), Eric Peter (contrabajo), Peer Wyboris (batería), y como invitado Nuccio Intrisano (trombón). Se registró en dos sesiones: “El zorongo gitano & Las Morillas de Jaén) el 30 de junio, y “Café de chinitas” y “Soleares” el 14 de septiembre.
“Mi intención al grabar este disco fue tomar el flamenco como fuente de inspiración y, utilizando su peculiar expresividad, poder expresarme con libertad y sinceridad a través de la improvisación y según la concepción rítmica del jazz”, explicaba en la contraportada del álbum el legendario músico navarro ─como el mítico guitarrista flamenco Sabicas─. “De esta manera, intenté demostrar que nuestra música, sin perder su personalidad, puede integrarse en otra cultura tan universalmente vigente como el jazz”, sentenció Iturralde [2] (1929-2020). Había llegado a esta conclusión tras la aparición del ‘Sketches of Spain’ (1960) de Miles Davis, un álbum que le convenció a él y a otros compañeros de que “la fusión del Jazz con el Flamenco no solo era factible sino que el resultado era hermoso, pues aunque se trata de dos culturas diferentes existen mucho puntos en común entre ambos”.
‘Jazz Flamenco’ (Warner Music/Elemental Music [3], 1967-2026) es una grabación histórica en la que convergen dos músicas que nacieron de la cultura popular, y mantuvieron sus identidades, se reedita en formato LP vinilo de 180 gramos en Edición Limitada. Una maravillosa pieza de colección muy valorada que vuelve a estar disponible, y sería muy deseable que se recuperara igualmente el segundo volumen, ‘Jazz Flamenco 2’ (Hispavox, 1968).
Julio Bustamante ostenta el estatus de artista de culto, con más de 40 años de carrera ─el emblemático ‘Cambrers’ (1981) fue su debut, suma en total 18 títulos─, es uno de los baluartes de la música hecha en València, a orillas del Mediterráneo. ’Constelator’ (Satélite K [7], 2026) incluye 14 nuevas piezas propias ─dos instrumentales─, en buena parte compuestas y producidas por Ferran Pardo en los dos últimos años ─desde que sacó su anterior álbum, ‘Sueños Emisarios’ (El Volcán Música, 2022)─, salvo cuatro de ellas que permanecían a la espera de ser publicadas. La palabra que le da título la encontró en el diccionario, significa un conjunto de objetos diversos entre sí, pero que al universo constituyen una máquina o un organismo funcional, y aquí el término cobra significado al reunir un repertorio variado. “Los sueños no tienen dueño, son un espacio de libertad”, dice en “Escenas”. Son canciones isla, historias evocadoras, reflexivas, Bustamante rubrica un trabajo exquisito tanto en las letras como en la música.
Alexey León es profesor de saxofón y conjunto de Sedajazz [8], “la casa de todo tipo de música y cada uno puede encontrar su lugar”, afirma el director y fundador del Colectivo de Músicos Francisco Blanco “Latino”, y donde llegó el músico cubano en 2014 gracias a la recomendación de Perico Sambeat que entonces era su profesor en Berklee Valencia. Alexey organizó el taller de combo “Afro-Cuban Combo” desde 2022 hasta 2024. Este álbum reúne el trabajo que ha desarrollado en ese período, con tres sesiones de grabación de otras tantas formaciones y cursos distintos del taller. Catorce números entre propios del músico cubano hasta versiones en clave jazz de composiciones de Chucho Valdés, Javier Colina, Ernesto Leucona, Miles Davis o Herbie Hancock. ‘Herencica EnClave’ (Sedajazz [9], 2026) es una buena muestra sobresaliente del alto nivel del profesorado, y el alumnado que pasa por las aulas de la emblemática alquería del colectivo en l´horta sud (València).
El álbum ‘Bílo [10]’ (Indies Scope, 2026) de Beata Bocek gira en torno al silencio, al regreso a uno mismo y el coraje para comenzar de nuevo. Bocek nació en una localidad al sur de Polonia, y creció en una pequeña población de República Checa; pertenece a una minoría étnica que vive en el lado checo de la frontera, no se considera ni polaca ni checa. Desde temprana edad se siente atraída por la música, aún siendo adolescente se encuentra con el acordeón, luego llegaría a su vida la guitarra (traída de Ucrania), y que le llevaría a la guitarra eléctrica. Formó parte de varios grupos, con los que llega a grabar discos; vivó en Gales unos meses donde trabajo en la industria en unos días duros y con vivencias que le abrieron la mente, fue un tiempo de reflexión y redescubrir su fe y en ella misma; regresó a su país de origen. Una trayectoria vital que explica su álbum y el contenido de los once temas que ha grabado, canciones delicadas con momentos folk. Interpreta el repertorio originalmente con el acordeón, la guitarra y el ukelele, superponiendo capas sonoras con un loopstation.
El conjunto húngaro ViGaD tiene su base de operaciones en Budapest-Szentendre, un joven grupo que ha construido su repertorio con música balcánica y eslava del sur. El curioso nombre proviene de las iniciales de su miembros fundadores: Vince Eredics (acordeón), Gáspár Zetelaki (tambura, darbuka), y Dániel Csöke (tambura, violín, saxofón, clarinete), actualmente cuentan con un cuarto miembro, Dejan Popovic (tambura bajo). En su primer disco, ‘Trí, í’ (Fono [11], 2026), aparecen las tradiciones melódicas serbias, croatas y macedonias, que entrelazan con naturalidad y evocan esta rica herencia cultural.
“La cultura, como objeto de las políticas públicas, debe salir de la industria y volver al ámbito de la responsabilidad pública junto con la salud, la educación, el bienestar social y la infraestructura básica”, es el argumento capital del libro de Justin O´Connor. El experto en políticas culturales lleva trabajando más de tres décadas en este álbum, y dirige el programa Reset, “un proyecto colaborativo internacional que busca replantear el valor de las artes y la cultura en la sociedad”.
La cultura es mucho más que entretenimiento o industria. “La cultura es fundamental para lo que significa ser humano y vivir en un mundo social”, sentencian las primeras líneas del libro. El escritor y académico que reside y trabaja actualmente en Australia, analiza “lo que sucede cuando convertimos la cultura en una industria y cómo podemos arreglar esto”. Aborda la aparición de las “industrias culturales” y como una idea surgida para defender la cultura ha terminado entregándola a consultoras, algoritmos y resultados empresariales. La cultura ha de entenderse como un derecho y una infraestructura social fundamental. ‘La Cultura no es una industria. Recuperar el arte y la cultura para el bien común’ (Liburuak, 2026), a lo largo de las 286 páginas del volumen se pone de manifiesto cómo esta transformación ha debilitado al sector cultural, precarizado a sus trabajadores y vaciado de sentido nuestra relación con el arte y la creación.
Paco Valiente
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